sábado, 2 de enero de 2016

La verdadera Historia de Nimrod (II)

Continuando con la segunda parte...

(La Primera parte lo puedes leer en: La Verdadera historia de Nimrod (I))

Quincuagesimotercer Día 


Figura 1. Torre de Babel.
Es ya el medio día, el momento preciso en que Shamash se halla en lo alto. La voz grave de uno de los cincuenta Hierofantes se dirige a la bella Iniciada, hablando con frases cortas, pronunciadas con la cadencia de una oración ritual: 

–Oh Princesa Isa: La suerte de la Raza está en tus manos. Hemos recorrido muchas tierras y atravesado incontables países, para llegar hasta aquí, buscando dar la Batalla Final. Años de caminos y penurias desde que abandonamos las montañas sagradas adonde nacimos dos veces y en cuya cima Kus nos reunía y nos hablaba de los Tiempos Primordiales. Conocimos en esos lejanos días que no somos de aquí. Y, luego de recordar nuestro Divino Origen, ¿Cómo podríamos permanecer allí, engañados por El, el “Anciano” Enlil? Sí, todo se envileció ante nuestra vista. Los campos se agostaron súbitamente. Las flores tornaron horrible su perfume, y el calor de Shamash ya no nos pareció bueno. De pronto vimos las espigas raquíticas y hasta las montañas perdieron su imponente altura. Todo eso ocrurrió cuando miramos el mundo luego de que el Sabio Kus nos hablara del Cielo olvidado llenándonos el pecho de nostalgia. Entonces fue cuando decidimos emprender el Sendero de Regreso al Origen. Y cobrar cara la traición de los Demonios 330 que nos habían engañado con su magia. Muchos fuimos los que partimos desde la montaña sagrada, hacia distintas direcciones. Y muchos son los Reyes que con sus pueblos hiperbóreos buscan desde entonces el camino del Cielo. Pero Kus nos había advertido que algunos no llegarían pronto si volvían a ser engañados por los astutos Demonios. Mas a nosotros nos dirigió certeramente porque no tenemos otro fin que conquistar el Cielo. Nos guía el invencible Nimrod a quien El teme porque su Sangre es Pura tan azul como el mar y tan roja como el amanecer de Shamash. Somos un pueblo valeroso como el león y volamos alto como el águila, pero nuestro ojo es agudo y nuestras garras despedazan al Enemigo. Somos un pueblo duro que no conoce el perdón y no da tregua en la lucha. Nos conduce Nimrod arquero como no hay otro en la Tierra. Las estrellas lo dibujaron cazando en el cielo. Llevamos con nosotros la Piedra Verde de Kus para que no volvamos a perdernos ¿qué más podemos pedir? ¡Apártense, Demonios infernales! porque hay aquí un pueblo despierto a quien no podrán atemorizar ni engañar jamás. ¡En guardia, Demonios malditos! porque se ha levantado una Raza indómita que Os presentará combate a muerte. Hoy el camino ha llegado a su fin. Atrás ha quedado el gran mar Kash y el país de Kashshu; sepultados en las rutas holladas permanecen nuestras mujeres y niños, nuestros ancianos y los mejores guerreros. Muchos han caído por la gloria de Kus 331 y por seguir al heroico Nimrod, el jefe que nos conducirá a la victoria en éste o en otros cielos. En Borsippa hemos acampado. Para construir la Torre más alta del mundo y domar la Serpiente de Fuego. Como nuestro Zigurat no hay otro ni en Babilonia ni en Assur, ni en el lejano Egipto, ni en la tierra de los arios. Desde que el Diluvio cubrió la Tierra y castigó a los Demonios que habitaban las islas de Ruta y Daitya no se ha visto otra Torre igual. Los Dioses se alegran por nosotros y los Demonios nos temen. ¡Cuánto hemos trabajado para construirlo! Oh Isa, este esfuerzo no debe ser en vano. 

La Iniciada se hallaba en el mismo sitio, parada frente a la Esmeralda de Kus, guardando respetuoso silencio mientras sus ojos, bellamente rasgados se mantenían fijos en el Hierofante. Este continuó con su monólogo: 

Hemos venido aquí a morir luchando y tú, dulce Princesa has elegido morir primero para abrirnos la Puerta del Cielo. ¡Castigaremos a los Demonios y vengaremos tu muerte, divina Isa, hija de la Serpiente de Venus! 

Palideció visiblemente la hermosa Iniciada cainita; sin embargo sus ojos brillaron fieramente mientras de su boca brotaban estas valientes palabras: 

–El Constructor de Mundos de Ilusión, el infame Enlil, se ha hundido en un sueño eterno, mientras su cuerpo fecundado nace y renace en todo lo existente. El se ha aliado con los Demonios que habitan en Dejung, la ciudad mil veces maldita, la ciudad del Horror y del Engaño, cuya Séptima Muralla posee una entrada oculta en el país de los hombres amarillos. El ha confiado en los Demonios para que prosigan su obra perversa. Y Ellos nos han encadenado y nos impiden regresar al mundo de Kus, adonde se encuentra el Palacio del verdadero Dios HK, cuyo Nombre no puede ser pronunciado sin morir. Pero aunque Dejung está lejos, sus Puertas están en todas partes. Siete Puertas tiene Dejung, y Siete Muros la circundan. La Demonia Dolma posee las llaves pero sólo los locos se dejarían guiar por Ella. ¿Cómo pondrán sitio entonces los valientes Kassitas a la fortaleza de Dejung? ¿Si los Demonios ya saben de nuestros santos propósitos y si su ojo está clavado en nosotros desde la torre Kampala? Lo haremos como nos enseñó nuestro Dios Kus, el Señor de Venus, despertando del sueño al miserable Enlil y obligándolo a abrir la Puerta del Cielo y a tender el puente sobre las lúgubres murallas de Dejung Kampala. Iniciados Kassitas: ¡Ved todos que Enlil ha despertado! El Dios Que Duerme es idiota, gusta de flautas y tambores, de danzas y de cantos y que adoren Su Nombre, pero también desea sangre pues padre es de sacerdotes, de sucios pastores y sacrificadores. Sólo la Sangre Pura hará brotar al monstruo de las profundidades. ¡Proceded Hierofantes! ¡Que Isa está dispuesta a morir en la guerra, de todos, la primera! Viajaré por los mundos donde los muertos velan los Demonios acechan y los Dioses esperan. Me acompañará Kus a quien todos respetan. Y en nombre de Nimrod 333 obligaré a la Bestia a que abra las Puertas en bien de nuestra gesta. ¡Proceded Hierofantes que Isa está dispuesta! 

En ese momento tres cosas sucedieron simultáneamente: el Sol llegó a su zenit; la música cesó de golpe, inundando los oídos de silencio; y de una puñalada certera el Hierofante segó la vida de la bella Princesa Kassita. El cuchillo de jade degolló limpiamente el cuello níveo por encima del collar bicéfalo. Dos Iniciados sostuvieron el cuerpo exánime mientras la sangre caía a borbotones sobre la brillante gema y se introducía en su hendidura uterina, convertida ahora en ávida garganta. Entonces comenzaron a ocurrir las cosas más maravillosas que ojos humanos hubieran contemplado desde muchos siglos atrás. 

Quienes se hallaban dentro de la torrecilla pudieron contemplar una escena terrorífica: al caer la sangre se apagó por un instante la luz que emanaba de la Esmeralda, pero luego, como una saeta, una columna de fuego se elevó raudamente del piso de la torrecilla envolviendo al pedestal y a la gema. El cuerpo de la Princesa yacía en el suelo, imposible de ver bajo impenetrables nubes de vapor geoplasmático que, a cada instante, se hacían más densas. Sin embargo una imagen espectral, con su misma belleza desnuda, podía observarse claramente junto a la columna de fuego entregada a una especie de forcejeo. El portento ígneo, que en un primer momento no superaba el espesor de una pata de elefante, era ahora tan ancho como un círculo de seis hombres. Inicialmente había serpenteado fieramente semejando un infernal ofidio, pero luego, al expandirse, fue adoptando lentamente la inconfundible figura del Dragón. Era un Dragón flamígero cuya espantosa imagen se hacía a cada instante más nítida, en la medida en que aumentaba el forcejeo con el fantasma de la Princesa Isa. 

Conviene aclarar que sólo habían transcurrido unos minutos desde que la Princesa expirara hasta el momento en que se materializara el monstruo de fuego. Conviene aclararlo porque a partir de allí todo sucedió demasiado rápido... o quizá los testigos perdieron la noción del tiempo. 

De pronto las fauces de aquella bestia primitiva, aquel Leviatan, Rahab, Behemoth, o Tehom-Tiamat exhalaron un rugido terrible, al tiempo que una enorme llamarada barría la estancia consumiendo y carbonizando a numerosos Hierofantes. Sólo los sobrevivientes pudieron observar el increíble espectáculo de aquella bestia de fuego jineteada por la Iniciada muerta. La Princesa Isa, su fantasma, había trepado a la cabeza del monstruo sentándose entre las aletas triangulares del escamado lomo. Esa audaz acción hizo que el monstruo emitiera el infernal rugido y la mortífera flama. No obstante tal reacción y las feroces sacudidas de la bestia, la Princesa repetía imperturbablemente estas palabras: 

–Espíritu de Enlil, de El, de Yah y de Il que fecundas la Tierra y produces la vida y engañas a los hombres con tu falsa opulencia 334 y esas ilusorias riquezas que ofreces. Dios que alguna vez estuviste en lo alto pero que ahora has caído y te has vuelto completamente idiota, no nos encadenes también a nosotros en este Universo infernal que has construido imitando el verdadero Cielo. Nosotros nos iremos porque ya estamos hartos de ti, de todas tus trampas, y de los Demonios que te secundan. ¡Abre la entrada del antro infernal donde moran tus cobardes secuaces! ¡Te conjuro a hacerlo El en nombre del verdadero Dios, padre de Kus a quien tú traicionaste! ¡Por HK! ¡Te conjuro a abrir la Puerta en nombre de HK! 

Al oír este Bendito Nombre la fiera se replegó instantáneamente hacia el piso de la torrecilla, enrollándose en torno a la columna de piedra y metal. Su cabeza, sin embargo, se balanceaba amenazadora sin que este alarde afectara la prestancia de la espectral Iniciada, quien se mantenía firmemente tomada de su lomo. El Dragón telúrico no demostraba intenciones de obedecer, actitud que llevó a la valerosa Princesa a obrar de manera drástica. Inclinándose estiró la mano haciendo el gesto de tocar su propia sangre en la cuenca repleta de la Esmeralda hiperbórea. Acto seguido dijo: 

Esta sangre que hoy ha sido derramada y hacia la cual te has precipitado, Señor de todas las cosas, es mi sangre: una sangre sagrada del linaje de los Dioses de Venus. En ella está el recuerdo de nuestro Origen Divino y del verdadero Dios HK. Con su substancia he untado mis dedos y ahora trazaré en tu frente el Signo del Origen. Ante él no existe defensa. ¡Te conjuro a que abras la Puerta Enlil, rey de los Pastores, por el Nombre de HK y el Signo Sagrado! 

La Princesa dibujó rápidamente su símbolo en la frente del monstruo y he aquí que el prodigio mayor aún no había sido alcanzado. La horrible criatura de fuego se disparó hacia arriba, como un resorte, atravesando el techo de la torrecilla y llevando en su testa a la bella jinete. 

Quienes estaban afuera, en los pasillos del Zigurat y alrededor de su base, aún hacían silencio pues sólo habían transcurrido unos minutos desde que cesara la música y porque los terroríficos rugidos que emitía el monstruo, invisible para ellos, bastaban para silenciar cualquier garganta. En el momento que la Princesa dibujaba el Signo primordial y el Dragón se elevaba, un grito de espanto brotó de todas las bocas. Justo sobre la torrecilla, a no mucha distancia de su techo, el Cielo se corrió como si se hubiera rasgado una tela. 

Una negra abertura era ahora claramente visible para todos los que presenciaban el extraño fenómeno. Y lo más curioso y anormal era que el tenebroso agujero ocultaba totalmente al Sol, a pesar de que éste, por hallarse mucho más alto, debería verse desde algún ángulo lejano. Sin embargo nadie vio más al Sol, aunque su luz seguía iluminando el medio día como si estuviera en su zenit. Es comprensible que sometidos a tan intensas emociones nadie se preocupara por la suerte del Sol pues, en tanto que el terror había paralizado a los cobardes habiros, los Kassitas aullaban de furia elevando los puños hacia el cielo. Es que el espectáculo era impresionante y justificaba cualquier distracción. El monstruo de fuego, luego de que la Puerta del Cielo se abriera, se había transformado totalmente. En un primer momento pareció como si la espantosa cabeza se hubiese introducido en la tenebrosa abertura ya que sólo era visible un cilindro resplandeciente, como un haz de fuego, que surgía de la torrecilla y se internaba en las alturas. Pero pronto fue evidente que una metamorfosis estaba ocurriendo y al cabo de unos segundos un nuevo prodigio se ofrecía a la azorada vista de los habitantes de Borsippa. Primero se tornó bulboso y se cubrió de protuberancias, mientras cambiaba de color y se teñía de marrón; luego, muy rápidamente, los bulbos se extendieron hacia afuera y se transformaron en afiladas ramas cubiertas de agudas púas y de algunas hojas verdes; apenas unos segundos después era un gigantesco árbol de espino el que se erguía, insólitamente, sobre el Zigurat del Rey Nimrod. 

Desde la base de la Torre sólo se veía parte del tronco y del follaje superior, pues la copa parecía perderse adentro de la Puerta del Cielo mientras que la raíz permanecía oculta a la vista, en el interior de la torrecilla. Pero lo que vale la pena destacar es que, no bien se completó la metamorfosis, desapareció todo vestigio de fuego, energía o plasma, y el fenómeno se estabilizó no produciéndose más cambios. Parecía entonces como si el árbol espino hubiese estado siempre allí... si no fuera por la siniestra rasgadura del Cielo que sugería atrozmente todo tipo de anormalidades y alteraciones del orden natural. 

Pero nadie dispuso del tiempo suficiente como para horrorizarse. No bien se hubo abierto el Cielo dos figuras corrieron velozmente hasta la última rampa, la que conducía a la terraza de la torrecilla, y, ya allí, tensaron los arcos apuntando hacia el Umbral. Eran Nimrod y Ninurta, el Rey y el bravo General, los únicos guerreros que poseían la coraza de metal y que, por eso, avanzaban primero, protegidos por la Elite de arqueros. 

El Rey y el General apuntaban sus arcos hacia las tinieblas de la abertura tratando de distinguir un blanco cuando, súbitamente, dos figuras emergieron blandiendo sendas espadas. Los Demonios, con aspecto de “hombre de raza 336 blanca”, de cinco codos de alto, parecían flotar en el aire, pero de alguna manera obtenían punto de apoyo pues lograron descargar sus espadas sobre los heroicos arqueros. Las hojas relampaguearon al surcar el espacio pero rebotaron sin penetrar en las corazas de Nimrod y Ninurta. Sin embargo el impacto hizo a éstos rodar aturdidos por el techo de la torrecilla que hacía las veces de última terraza. 

Una lluvia de flechas se abatió entonces sobre los “Demonios Inmortales” y, aunque muchas de ellas rebotaron en sus corazas, otras tantas penetraron acribillándolos. Cayeron los gigantes malheridos junto al Rey Nimrod quien rápidamente los decapitó, enarbolando sus enormes cabezas ante la enfervorizada muchedumbre. 

Mientras el Rey Nimrod hacía esto y luego arrojaba hacia la multitud el sangriento trofeo, el General Ninurta, acompañado por parte de la Elite guerrera, comenzó a trepar por el árbol Enlil que unía el Cielo con la Tierra. ¡Por primera vez en miles de años un grupo de Guerreros Sabios se aprestaba a tomar por asalto a Chang Shambalá! 

Le ruego, Dr. Siegnagel, me permita hacer un breve alto en el relato para que pueda expresar en un poema lo que pasa por mi Espíritu al evocar la última gesta maravillosa de aquel pueblo hiperbóreo que sabía lo que hacía, en medio de un mundo que era pura confusión. Luego retomaré nuevamente el relato en el preciso momento en que los guerreros de Nimrod se aprestaban a invadir el Umbral de la iniciación sinárquica. 

¡Valerosos guerreros Kassitas! Su hazaña iluminará eternamente a todos los pueblos hiperbóreos que decidan tomar el Cielo por asalto y regresar al origen primordial del que Jehová Satanás los ha privado. Porque Ellos combatieron a los Demonios y despertaron del Gran Engaño. Pero hasta ahora nadie ha logrado igualar la gloria de Nimrod, “el Derrotado”. Por eso los que aquí quedamos debemos intentarlo nuevamente Junto a Kristos Lúcifer “el Enviado”. El Dios de los que “pierden” durante el Kaly Yuga, y los Dioses Leales al Espíritu del hombre que esperan el momento designado en que doce hombres de la Sangre más Pura y un Siddha se reúnan al final del Kaly Yuga en suelo Americano. Entonces el Gral será encontrado y luego de mil años de traiciones caerá la venda de los ojos, despertando; la Puerta nuevamente será abierta 337 y Chang Shambalá con sus Demonios será definitivamente aniquilado. Pero hasta ahora nadie ha logrado igualar la gloria de Nimrod, “el Derrotado”. Es cierto que pocos lo intentaron: algunos iberos, algunos celtas, troyanos, aqueos, dorios o romanos, muchos godos y muchos germanos. Pero nadie hasta ahora ha logrado igualar la gloria de Nimrod “el Derrotado”. Tal vez en Montsegur los Cátaros o los Caballeros teutones de Federico II Hohenstauffen, o el más grande de todos, nuestro Führer, con su Eje mágico y un pueblo valeroso que ante nada retrocede; acaso El como nadie lo ha buscado. Y así muchos la eternidad ganaron y de este Infierno se han marchado. Pero no definitivamente pues una Batalla Final será librada y volverá Nimrod Junto a los grandes Héroes del pasado. Odín, Wothan, y Wiracocha, Heracles, Indra y Quetzacoatl, desde el Valhala llegarán cantando, rodeados de Walkirias primorosas y música de antaño. Y Ellos levantarán Ejércitos enormes de Vivos, Inmortales y Resucitados. Una sola virtud será exigida: se llama honor y dignifica al hombre que del Engaño ha despertado. La Guerra será Esencial y el Demiurgo y sus huestes, derrotado, liberará al fin a los Espíritus Eternos que de Venus llegaron para que regresen adonde Dios espera, en un Mundo que no se ha creado. ¡Y al partir del Universo de Materia, de la locura, del Mal y el Gran Engaño, los que regresan cantarán a coro las hazañas de Nimrod, “el Derrotado”!

Proseguiré ahora con el relato. El árbol Enlil poseía ramas espaciadas y rectas, que en realidad eran enormes púas, de modo que podía treparse por ellas como si se tratase de una gigantesca escala. Esto fue justamente lo que hicieron los valientes Kassitas preparándose a ascender por el árbol y sitiar la “Puerta del Cielo”. No bien el General Ninurta y cincuenta guerreros hubieron trepado lo 338 suficiente comprobaron que se hallaban frente a la entrada de una caverna, o a la imagen de ella. Saltaron audazmente del árbol, sin saber aún si podían hacer pie en el misterioso mundo al que entraban por la “Puerta del Cielo”, y se hallaron en un suelo claramente rocoso. Algunos se volvieron para mirar y vieron al árbol que se perdía en insondables alturas; y también el borde de un abismo, a pocos codos de donde estaban parados, por el cual se distinguía, a muchos pies de distancia: el techo de la torrecilla de donde emergía el gigantesco tronco; el Zigurat; los hombres del pueblo reunidos en torno; y el perímetro amurallado de la ciudad de Borsippa. Contrastando con la intensa luz exterior, adonde todavía seguía siendo medio día, una suave penumbra reinaba en aquel sitio. Sin embargo había suficiente luz como para distinguir los detalles de la siniestra caverna: se veían siete escalones de piedra y, a partir del último, un pasadizo que se perdía en la distancia. Pero sobre la entrada, siguiendo la curva de su arco, estaban clavados siete estandartes triangulares. Cada uno llevaba escrita una misma leyenda, en otras tantas lenguas diferentes. En su propio idioma kassita pudieron leer: 

No oséis poner los pies en este umbral si antes no habéis muerto a las pasiones y a las tentaciones del Mundo. Aquí sólo se llega para renacer como Iniciados en la Fraternidad Blanca, pero para obtener tal privilegio es necesario morir primero. ¡Adeptos: si aún estáis vivos, si la llama del deseo primordial aún arde en vuestros corazones, si conserváis el recuerdo y alimentáis el propósito, entonces huid, mientras estéis a tiempo! 

Evidentemente se trataba de una maniobra estratégica. La leyenda, aparentemente destinada a presuntos adeptos a la iniciación, tenía por objetivo desconcertar y provocar la duda a los intrusos. Sin embargo, lejos de lograr estos fines, el mensaje arrancó instantáneas carcajadas en los guerreros Kassitas. Por el árbol espino venían ya trepando Nimrod y Ninurta seguidos por otra escuadra de arqueros. Pronto estuvieron reunidos y como nada ocurría se dispusieron a ingresar en la infernal caverna. 

–¡Isa, Isa! –comenzó a llamar a gritos el Rey Nimrod, alarmado por la ausencia de la Iniciada a quien nadie había vuelto a ver desde que el Dragón se elevara hasta el Cielo. En ese momento alguien notó que los estandartes habían borrado su tentador mensaje y se reescribían solos, persistiendo en aquella táctica de dirigirse a los guerreros con palabras engañosamente espirituales: 

–Viajeros Kassitas, en este lugar sólo hallará la locura quien no posea un Corazón justo y un Alma dulce y devota 339 capaz de adorar al Gran Arquitecto del Universo y servirle en su Gran Obra. Vosotros no poseéis totalmente estas virtudes. Sin embargo ¡Sois afortunados, Kassitas! Aunque equivocados en vuestro propósito el haber sabido llegar hasta aquí os favorece y es por ello que os haremos una oferta por esta única vez, ahora y para siempre: os ofrecemos servir, junto a Nosotros, a El Uno, Señor del Gran Aliento, Creador de la Tierra, del Cielo y de las Estrellas, de incontables Mundos semejantes a éste, y de otros lokas tan extraños y sutiles que resultan inconcebibles para cualquier mortal. Sois valientes y puros, Kassitas, pero habéis sido engañados por el Demonio Kus quien os mostró un Paraíso inexistente. Debéis abandonarlo, y aceptar el Plan de El Uno. Os ofrecemos ahora pasar las pruebas y servir al Dios Uno a Nuestro lado. Pensadlo bien Kassitas, habéis matado a dos de nuestros Hiwa Anakim los Sagrados Guardianes del Umbral y eso es grave falta por la cual deberéis purgar. Sin embargo aún os ofrecemos servir, en las filas de la Fraternidad, al único Dios. Si os decidís ahora, si aceptáis el trato, debéis dejar las armas en el Umbral y despojaros de toda intención agresora, y de los signos malditos que portáis. ¡Hacedlo pronto Kassitas! porque es oportunidad única la que os damos. Hacedlo y podréis atravesar sin peligros el pasillo que está ante vosotros. Pero tened presente que debéis cruzarlo con el arrepentimiento en el Alma porque enseguida arribaréis a un lugar Muy Santo llamado “El Templo de la Sapiencia”, adonde seréis Iniciados en los Misterios de El Uno. 

Se miraron vacilantes Nimrod y Ninurta; esperaban hallar enemigos formados para el combate pero allí sólo había estúpida magia. Los estandartes, con las palabras que se han visto, habían atraído misteriosamente la atención de los Kassitas. Entre los guerreros, algunos no sabían leer, pero, extrañamente, el mensaje llegaba igual a sus mentes. Y, aunque no entendían muchos de los conceptos empleados, sabían perfectamente que se intentaba comprarlos, toda vez que se les proponía una oferta; sobornarlos para que abandonasen la lucha y se rindiesen sin presentar batalla. ¿Los Kassitas derrotados, desarmados con 340 “palabras”? ¿Y cuál sería el precio cobrado por tan cobarde claudicación? Nada menos que servir al odiado Enlil... Un murmullo se elevó desde la Elite guerrera: se intentaba engañarlos y aparte se había insultado a su Dios Kus. La sangre hervía en las venas de los heroicos Kassitas. Pero el mensaje proseguía: 

Si aceptáis Nuestra generosa oferta os convertiréis en los Guerreros de la Rosa, aprenderéis la Doctrina del Corazón y, merced a esta Sabiduría, descubriréis en vuestro propio Corazón a El, a Aquel por quien sois todo, al Anciano de los Días, al Señor de los Eternos Veranos, al Kumara Sanat. Si aceptáis, lucharéis siempre por El y por su Pueblo Elegido Habiro, cuya simiente se halla muy cerca de vosotros. Si aceptáis regresaréis al mundo como Adeptos Iniciados en el Misterio de la Kâlachakra la Ciencia más poderosa de la Tierra. Y gracias a sus secretos seréis los hombres más fuertes, no habrá enemigos que se os puedan enfrentar. Seréis Magos respetados, Generales victoriosos, Reyes invencibles, hombres riquísimos, depositarios de un Poder como nunca se ha visto. Compartiréis la gloria de reinar en el Mundo Junto al linaje elegido por El en el día no lejano en que El, como YHVH-Sebaoth se presentará ante unos pueblos numerosos, adoradores de la Materia, y los conducirá con brazo firme desde la Sinarquía de Su Poder.

–¡Nooo! –Resonó como un trueno la voz de Nimrod–. ¡No miréis el maldito estandarte! Su voz está afuera, en el Mundo del Engaño. ¿Qué os dice vuestra Sangre Pura, guerreros Kassitas? ¿No aprendimos de Kus, el Hiperbóreo, que intentarían comprar nuestras armas? ¿Y no nos dijo Kus, allá en nuestras montañas lejanas, que ceder a los Demonios sería nuestro fin? 

Desenvainó su espada y con un rápido movimiento se infligió una herida en la mano izquierda. 

–Escuchad –prosiguió– Yo, Nimrod, quien os ha guiado victoriosamente en mil batallas, os digo que debemos combatir hasta la muerte a estos viles Demonios que no se atreven a enfrentarnos. Os digo que mienten y que con sus 341 promesas sólo buscan perdernos –levantó su mano, de la cual manaba abundante sangre– ¡Aquí está mi sangre, que es la más pura del mundo! Con ella trazaré el Signo HK en este estandarte infernal y luego entraremos a matar a los Demonios. ¡Nuestro Signo es invencible! 

Con su dedo pulgar derecho, embebido en sangre, dibujó el Signo del Origen e instantáneamente pareció como si un fuego consumiese a los siete triángulos encantados. –¡Matemos a los Demonios! –gritaron a coro todos los guerreros. 

Sin embargo no alcanzaron a ingresar al túnel. Aún humeaban en el suelo los restos de los estandartes cuando los Demonios de Shambalá, que observaban ocultamente la reacción de los Kassitas, se dispusieron a emplear una de sus terribles armas atlantes: el “cañon OM”. Primero fue un sonido suave, penetrante y agudo, como el cantar de la cigarra. Luego comenzó a subir de tono y de volumen hasta hacerse irresistible. 

–¡Isa, Isa! –gritaron a dúo Nimrod y Ninurta. Efectivamente, descendiendo de lo alto por las espinas del árbol Enlil, estaba a la vista el espectro de la princesa Kassita. Los miraba fijamente y parecía hablar enérgicamente pero, en un primer momento, nadie oyó nada, pues el monosílabo de El emitido intensamente había aturdido a casi todos. Sin embargo era impresionante la fe que los Kassitas sentían por la Iniciada de Kus y quizá esta confianza hizo que pronto oyeran, o creyeran oír, sus instrucciones. 

–¡Poneos atrás de Nimrod y de Ninurta! Observad fijamente el Signo de HK que tienen grabado en sus espaldas y dejad que fluya en vosotros la Voz de la Sangre. Su rumor apagará cualquier cosa que os perturbe. Y vosotros, valientes Jefes: tenéis un arma poderosa; veréis que ella os protege. Miradme a mí y confiad, que pronto cesará vuestro dolor. 

Dando un salto hasta el Rey y el General la Iniciada puso sus manos en las cabezas de aquellos Héroes produciendo la exaltación de una como aura brillante en torno de sus cuerpos. Esta operación produjo evidente alivio pues un segundo después ambos estaban maldiciendo, aunque no lograban aún oír sus propios juramentos.

Mientras en el Cielo ocurrían los sucesos que acabo de narrar, abajo, junto al Zigurat, el resto del pueblo vivía curiosas experiencias. Cuando Nimrod arrojó las cabezas de los Demonios la algarabía fue muy grande y poco tiempo después las mismas pendían ensartadas en sendas lanzas. Estas cabezas eran bastante más grandes que las de un hombre normal, aunque no llegaban a doblarla en volumen. Los cabellos rubios y largos enmarcaban un rostro cuadrado, de ojos rasgados y negros y enorme nariz ganchuda. La boca era de labios carnosos, detalle que se apreciaba perfectamente pues los Demonios carecían de barba. 

Las picas fueron clavadas ante la imagen de Kus mientras las Iniciadas transportaban los enormes cuerpos para proceder, ante el Dios de la Raza, a arrancar el corazón de los Demonios. Una Iniciada hizo la abertura en el blanco pecho y extrajo el corazón, que curiosamente se hallaba en el lado derecho. Luego quitó el órgano al otro Demonio y elevó las sangrientas vísceras en sus manos para que el pueblo las viera. Y aquí ocurrió un enésimo prodigio pues, al contacto con el aire, los corazones se transformaron en flores, con el consiguiente espanto por parte de la muchedumbre integrada por hombres y 342 niños. Eran dos rosas rojas con un trozo de tallo espinoso cada una, pero nadie las reconoció como tales pues todavía no existían las rosas sobre la tierra, y es probable que aquellas eran las primeras que veían ojos humanos desde el hundimiento de la última Atlántida. La Iniciada las arrojó despectivamente a los pies de Kus y todos regresaron junto al Zigurat donde, en ese medio día interminable, se erguía el gigantesco espino. 

La Elite de doscientos arqueros habían ya trepado por el espino Enlil y penetrado en la negra abertura. Quedaba alrededor del Zigurat el resto del Ejército Kassita: la infantería, los zapadores, los lanceros y auxiliares, y numerosos arqueros que no pertenecían a la Elite. También estaban varias escuadras de guerreros de otras ciudades que habían venido a Borsippa como escoltas de Embajadores y Nobles. Y todos levantaban el puño hacia el Cielo y gritaban: –¡Kus, Nimrod; Kus, Nimrod! –alentando a su, ahora, invisible Rey y deseando íntimamente recibir la orden de trepar por el espino para colaborar en la lucha. Varios Príncipes y Jefes militares estaban junto a las tropas, pero nadie se hubiese atrevido a dar ninguna orden sin recibir antes señales de Nimrod o de Ninurta. 

Acompañaba a la gritería de las tropas un coro de mujeres y niños, que componían el resto del pueblo. Pero los pastores habiro, por supuesto, continuaban atemorizados, invocando en voz baja a Yah, El, Il, Enlil, su amado Demiurgo. Y las Iniciadas, que tímidamente primero, y luego con cierta urgencia, habían subido a la torrecilla superior para indagar sobre la suerte corrida por los Hierofantes, comprobaban que todos habían perecido. Y por eso lloraban a gritos y maldecían al siniestro espino. Pues los Iniciados que no murieron cuando la terrible lengua de fuego abrasó la torrecilla estaban ahora ensartados en gruesas y largas púas que cubrían la totalidad del recinto azul. ¡El pueblo Kassita había perdido a la Elite de Iniciados cainitas; su suerte estaba ahora solamente en manos del Rey Nimrod! 

Pero entonces, el sonido del cañón OM comenzó a invadir el ámbito de la ciudad y pronto se hizo tan insoportable que muchos cayeron al suelo desmayados de dolor. Una nueva nube de vapor geoplasmático, ahora brotando del suelo de Borsippa, se propagó rápidamente. La niebla subió hasta una altura igual a la mitad de un hombre y cubrió a los que se desplomaron sin sentido. Los primeros en rodar, casi instantáneamente, fueron los habiros; hombres y mujeres; niños y ancianos; todos caían en el acto, fulminados por el penetrante sonido. Y a continuación ocurrió, quizá, el penúltimo gran fenómeno de ese día glorioso. 

De pronto, tan misteriosamente como se había formado, la niebla comenzó a disiparse dejando al descubierto a numerosos hombres y mujeres que yacían tendidos en el suelo o que intentaban levantarse. Pero el prodigio era que los habiros, en su totalidad, habían desaparecido. Y el sonido diabólico, el monosílabo de El, también cesó en ese momento. 

Los Kassitas, al comprobar que los habiros no estaban a la vista pensaron que habían huido pues muchos de ellos eran sus esclavos o sirvientes y esta presunción aumentaba su furor. Pero los habiros no habían huido: toda su comunidad experimentó los efectos selectivos del cañon OM cuyo sonido, convenientemente afinado, tiene la propiedad de producir la teletransportación. En lugares distintos, a muchas millas de distancia, se “encontraron” los pastores habiros al recobrar el conocimiento y si bien al principio maldecían a Nimrod y a 343 su “magia”, atribuyendo a ésta la culpa de sus involuntarios viajes, al tener noticias de la suerte corrida por Borsippa, agradecieron a su Dios Yah por haberlos salvado. Muchos despertaron en Nínive o en Assur, pero otros fueron a parar a sitios tan lejanos como Ishbak, Peleg, Serug, Tadmor o Sinear. De hecho, muchas familias tardaron años en reunirse, separadas por distancias de doscientas o trescientas millas, lo que contribuyó a difundir, de manera distorsionada, la hazaña de Nimrod en el Oriente Medio. A todo esto, en Borsippa, un arquero se asomó por la negra abertura del cielo y gritó: –¡Guerreros, al ataque! ¡Nimrod vence! 

Este llamado era anhelado por el pueblo Kassita y causó que, un instante después, miles de guerreros se lanzaran al asalto del Cielo. 


Continúa en el siguiente post: La verdadera Historia de Nimrod (III). . .

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